27 de junio de 2010

Sopa de tomate


-...entonces ahora vas a vivir con una inglesa. En fin, allá tú.
-¿Por qué?
-Bueno, ya sabes. Los ingleses no tienen fama de ser muy limpios.

Odio los estereotipos. Quizá porque soy andaluz y sé lo que es un estereotipo: todo un lastre con el que hay que cargar cuando uno sale fuera de casa. Si fuera madrileño y tuviera que aguantar la fama de chulito pensaría: "Dirán eso de mí porque tengo en mi ciudad muchas cosas de las que presumir". Si fuera catalán y tuviera que aguantar la fama de tacaño pensaría: "Seguramente sea por la envidia de vivir en uno de los lugares de España más desarrollados económicamente".

Ser andaluz y tener que soportar la fama de vago cuando resulta que trabajo 56 horas semanales en promedio y cuando sentarme en mi sofá se ha convertido en un lujo infrecuente me toca los órganos pares, por decirlo finamente.

Volviendo a la inglesa, lo triste del caso es que el comentario acerca de su higiene se me quedó grabado en el subconsciente. Eso es lo malo de los estereotipos y de los chistes racistas, homófobos y de leperos: tú siembra, que algo queda.

El caso es que dos días después de haber mantenido esa conversación, mientras pasaba por la puerta del dormitorio de la pobre chica, percibí un olor inconfundible. De allí dentro venía un intenso olor a sopa de tomate. Con cebollas. Sopa de tomate con cebollas.

Aquel olor se me fue convirtiendo en toda una obsesión y con poca solución: desde luego no podía entrar en su cuarto a buscar restos de comida y no me parecía cortés preguntarle si guardaba verduras debajo de la cama.

Llegó el día en el que la inglesa abandonó mi casa. Ni cinco minutos después de que se hubiera ido, me calcé un par de guantes dispuesto a desinfectar su habitación. Me dio bastante vergüenza comprobar que había sido la huésped más limpia que había tenido: ni siquiera encontré un triste pelo debajo de su cama.

Y seguramente os preguntaréis de dónde venía el olor. Tras un par de días, descubrí un trozo de cebolla, que seguramente a algún vecino de arriba se le habría caído por la ventana de la cocina. El trozo había aterrizado sobre una máquina de aire acondicionado y, con el calor que ésta desprendía, se había ido tostando lentamente.

Foto: Lo que creía que iba a descubrir y que nunca pasó.

8 firmas. Añade tú la tuya:

Bellatrix Black LeStrange dijo...

Estereotipos!!!
("Yo soy del Norte, donde llueve, hace frío y estamos asilvestraos", rezan los grupos del facebook)
Pobre inglesa y su sopa de cebollas con tomate...

BlackZack dijo...

Los estereotipos a veces son matadores >.<

@pastanaga dijo...

jejeje, es verdad eso de los estereotipos. Lo de vagos lo compartimos con los andaluces, pero sólo tenemos 6 días de vacaciones!!

josemanuelerre dijo...

jajaja, qué bueno!

Cherry dijo...

Jaja, pobrecita!! yo también odio los estereotipos y siendo medio catalana medio andaluza me llueven por todos lados!! :s

Piensa lo mal que lo tuvo que pasar la chiquilla con su cuarto apestando a cebolla! xD

Pedro Gal dijo...

Una cebolla que cae desde el vecino de arriba, yo pensaba que eso sólo pasaba con las pinzas de tender :)

Elena Martín dijo...

jajajajajajajajajajaj, muy bueno Emilienko.

Paula María de Bormuj dijo...

Jajaja, "los órganos pares"!!

A lo mejor hubiera estado bien comentar los del olor a la chica, y la pobre no hubiera tenido que aguantar esa peste durante su estancia en tu casa.