23 de octubre de 2011

Richard in love


Richard era más feo que picio. Su fealdad era llamativa desde el primer momento que uno lo miraba. Mientras lo veía devorar en mi sofá su grueso tomo de un escritor con nombre ruso durante las largas siestas de agosto, me preguntaba si no sufriría rechazo debido a su aspecto en su vida habitual.

Nunca me atreví a preguntárselo, pero deduje que debía ser así, dado que sus libros y sus tazas de té mientras escuchaba Radio Clásica parecían satisfacer toda su necesidad de ocio. No conoció a nadie mientras vivió conmigo.

La convivencia con él la recuerdo deliciosa. Richard podría servir para ilustrar en qué consiste la educación inglesa: desde la delicadeza al coger los cubiertos al comer hasta su esmero en la limpieza y el orden pasando por su corrección en la forma de ser y su dominio del arte de la conversación.

Conforme lo iba conociendo, cada vez me sentía más violento cuando lo primero que hacían mis visitas era comentar lo desagradable de su gesto, en un desenfadado ejercicio de superficialidad.

A Richard le gustaba oírme tocar el piano, pero no fue hasta el último día cuando me confesó que el sabía tocar también. Le pedí que así lo hiciera, que me encantaría escucharle, pero él se excusó diciendo que quería acabar el capítulo de su libro.

Unos minutos después, entré en la ducha. Fue entonces cuando lo escuché. Richard se había sentado al piano a interpretar a Shostakovich. Era una pieza difícil, pero de su interpretación, limpia, precisa, perfecta, se comprendía que él era profesional del instrumento y que había tocado muchas horas.

Cuando acabó mi ducha, Richard aún no había terminado su concierto, pero lo interrumpió bruscamente al escucharme entrar y metió la cabeza entre los hombros de forma tímida.

-Pero... ¿eso es Shostakovich? ¡Es una interpretación brillante! ¡Eres un pianista excepcional!
-Sí...-dijo tímidamente. Se podría decir que Shostakovich fue mi primer y único amor.

Foto: Dmitri Shostakovich.
Audio: La pieza en cuestión: Concierto para piano número 1 en Do menor.

3 firmas. Añade tú la tuya:

Federico dijo...

Emilio...¿Tú tocas el piano? ¿Tú has convivido con una persona como Richard? Es que son esas existencias las que me interesan, con las que conecto verdaderamente.
Federico Relimpio
@frelimpio
federico.relimpio@gmail.com

Emilienko dijo...

Pues, en respuesta a tus preguntas, sí y sí, querido Federico. Yo tengo la suerte de conocer a personas estupendas.

Ter0n dijo...

Los que somos feos nos vemos obligados a desarrollar ciertas habilidades para compensar un poco la mala suerte que nos ocasiona la madre naturaleza.

Por eso nunca puedes juzgar un libro por la portada. Sin embargo, en esta sociedad del "vanitas, vanitatum" muchas veces nos olvidamos de ello.

Un abrazo.