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14 de agosto de 2011

El paciente teledependiente


Muchos médicos que no lo han probado argumentan en contra del modelo teleasistencial que, al facilitar la comunicación del paciente con el médico, crea a enfermos mucho más dependientes y, consecuentemente, se aumenta la carga de trabajo.

Yo, que soy como Santo Tomás, que hasta que no meta el dedo en la llaga no me lo creo, he tenido que facilitar mi correo, mi Facebook y mi Twitter a bastantes pacientes para probar el modelo y para acabar admitiendo que, efectivamente, con este sistema existe una tendencia a crear pacientes dependientes del médico. Esto es un gran problema porque, hoy en día, en nuestro Sistema, procuramos que el paciente asuma un peso importante de su propio cuidado en la medida de lo posible. ¿Entonces el modelo de teleasistencia que estoy ensayando, que pretende una relación directa médico-paciente, da un paso hacia atrás?

Lamentablemente, no estoy aún en situación para responder de forma rotunda esta pregunta, pero seguramente la respuesta sea gris. No todos los pacientes son candidatos al modelo. Por ejemplo, he notado una tendencia a que los pacientes que consultan por rinitis e insuficiencia respiratoria nasal me piden por correo revisiones más precoces que, tras producirse, no han alterado en ningún caso mi plan terapéutico. Así, he decidido que estos pacientes no serán candidatos de momento a continuar con mi experimento.

Sin embargo, en la mayoría de la patología no he encontrado que se cree ese temido aumento de la dependencia, al menos por el momento. Les mantendré informados acerca de tan inquietante cuestión.

Foto: Mi Converse tantea el norte en una brújula en el suelo.

14 de mayo de 2011

Curso de Facebook para médicos


Dije que sí cuando hace dos meses me propusieron impartir ese curso de Facebook para médicos, y eso que no soy un gran experto en esta red social.

Hace unos meses leía en el blog de la doctora Jomeini cómo le sigue entrando cierta congoja cuando tiene que prepararse algunas de sus clases para instruir a otros médicos en el dospuntocerismo. Tanto Ana como yo, somos blogueros, y eso no nos convierte en expertos en social media.

Pero, como ella misma dice, "en el país de los ciegos, el tuerto es el rey", lo haremos lo mejor que podamos, y, si por algún casual, entre los alumnos se encuentra alguien que sepa del tema más que el profesor, no es motivo de preocupación, sino que es una buena noticia, porque la web 2.0 no es más que compartir conocimiento desde la horizontalidad.

Así pues, me lié la manta a la cabeza y comencé a preparar el curso. Pero, ¿qué busca exactamente un médico de Facebook? ¿Cómo sacar una utilidad profesional a una red social que se caracteriza por lo personal? Ésas son las preguntas que pretendo resolver en una charla que he estructurado de la siguiente manera:

1. ¿Qué es el social media? De esta parte hablaré o no en función del nivel del auditorio sobre nuevas tecnologías. En realidad, voy a contar un poco el famoso cuento de los helados de Scoopville, que no sólo sirve para explicar la red social, sino que también consigue que se intuya qué es el muro de Facebook.

2. ¿Qué es una red social? El concepto de amplificación social. Esta parte me gusta mucho, porque pienso comparar que, del mismo modo que se pueden buscar relaciones sentimentales de forma intuitiva, las oportunidades laborales están ahí.

3. ¿De qué está formado Facebook? Perfil, grupo y página. En este punto me resultó brillante una clase sobre Facebook que hace unos meses se impartió en TeKuidamos.

4. ¿Cómo proteger mi intimidad? Éste punto es muy importante. Aún muchos médicos no están en Facebook porque tienen miedo a perder su intimidad. No quieren que sus pacientes los vean en la playa. Ni en fiestas con una copa en la mano. En este sentido, la agrupación de contactos en cuatro grupos de privacidad, como se sugiere por diversos sitios de internet, me resulta sencilla, intuitiva y proporciona la confianza necesaria como para no dejarse intimidar por Facebook.

5. El buscador de Facebook: encontrando grupos y páginas de interés para otorrinolaringólogos. Es curiosa la aceptación que ha tenido Google como buscador. Todo el mundo sabe usar Google. Sin embargo, para encontrar determinada información, es preferible usar otros buscadores como el de Facebook o el de Twitter. ¿Por qué estos métodos de búsqueda son menos famosos y qué tipo de información se puede encontrar en ellos?

6. Facebook y Telemedicina. Aquí, brevemente, hablaré de lo que hablo siempre, eso de mis pacientes a través del ordenador y bla, bla, bla,... (ya os lo sabéis todos, me repito mucho).

7. Conocer las reglas ocultas del juego antes de continuar: la reputación digital, el branding, el landing y otras cosas que hay que saber, porque, antes de lanzarse a la piscina, hay que comprobar que tenga agua.

Yo lo veo bastante completito. ¿Echáis en falta algo? Todo tipo de consejo es muy agradecido.

Foto: Este aparato está en el museo de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y servía para hacer audiometrías. Se ve que la especialidad sigue evolucionando.

14 de enero de 2011

Otorrino en Alaska


En la facultad, me enseñaron la importancia de ver, oír y tocar a los pacientes, que ofrece dos ventajas. La primera es que la exploración física permite sacar muchos datos de la enfermedad y la segunda es que el paciente se siente reconfortado al ver a un médico.

Los profesores que me enseñaron esto pondrían el grito en el cielo si les contara las prácticas que están llevando a cabo algunos otorrinos en regiones como Alaska o Australia.

Alaska y Australia son lugares del primer mundo con una baja densidad de población en los que la visita presencial al médico puede suponer costosos y difíciles desplazamientos debido a la distancia y a las condiciones climáticas. Es el marco perfecto para el desarrollo de modelos de relación médico-paciente a través de internet.

Varias publicaciones han señalado las ventajas que supone el modelo telemédico, que son comodidad para todas las partes, seguridad en el proceso diagnóstico y terapéutico (entendida como tasa de errores comparando con una consulta presencial) e importantes reducciones de costes directos e indirectos.

El funcionamiento es el siguiente: quiero ver a mi otorrino, que está a cientos de kilómetros. Como el desplazamiento es difícil, el otorrino me hace las preguntas pertinentes por internet o se pone en contacto con mi médico o enfermero de atención primaria para que me las haga. Del mismo modo, si está indicada alguna exploración, el otorrino dice al médico o al enfermero más cercano cómo hacérmelas y, si necesita alguna foto, mi médico o enfermero las hace y se las envía en el momento. Entonces el otorrino pide los estudios complementarios que crea necesarios y estudia los resultados sin aún haberme visto la cara. Me pone tratamiento y, si considera que debo operarme, nos conoceremos en el propio quirófano, el día de la intervención.

A los médicos defensores de la exploración presencial y partidarios de la consulta cara a cara, entre los cuales por ahora me incluyo, nos cuesta trabajo aceptar este nuevo método. Argumentamos, recordando los preceptos aprendidos en la Universidad, que la exploración presencial es más efectiva y que, además, el paciente busca el contacto personal, que aporta consuelo espiritual.

Pero cuando leemos estudios en los cuales se demuestra estadísticamente que la medicina a distancia es igual de segura que la presencial y comprobamos cómo cada día hay más pacientes que intentan cuidar su salud a través de internet de forma independiente del médico, los dos argumentos anteriores se desmoronan.

Y, en esos momentos, los que creemos que el modelo actual dista aún mucho de la perfección, nos planteamos la veracidad de las lecciones aprendidas en las clases cuando teníamos veintipocos años de edad.

Foto: Alaska según Google Images.