31 de julio de 2011

Adios comercial. Hola principio activo.


Estoy de vacaciones y no puedo satisfacer mi curiosidad por saber cómo estará afectando en el hospital la nueva normativa que obliga a los médicos a prescribir por principio activo. Esto es, para los legos, que ya no se podrá poner "Aspirina" en una receta; sino que obligatoriamente habrá que escribir "Ácido Acetilsalicílico 500 mg".

-¿Y no es lo mismo? -se preguntarán ustedes.
-A efectos prácticos sí -les responderé. Si pongo Aspirina en mi receta, cuando ustedes vayan a la farmacia les darán Ácido Acetilsalicílico de la marca Bayer, y si escribo Ácido Acetilsalicílico en la misma, les darán el genérico más barato, que ha demostrado ser igual de efectivo y que a todos nos sale más económico.
-Entonces, prescribir por principio activo es bueno para todos, ¿no? Si obliga a médicos y a farmacéuticos a ofrecer la alternativa más económica del mismo fármaco con iguales propiedades, salimos ganando todos.
-Sí, pero...
-¿Pero?
-No es lo mismo prescribir genéricos que prescribir por principio activo. Yo estoy de acuerdo con la prescripción de genéricos, pero la prescripción por principio activo me parece más controvertida. (La diferencia entre ambos conceptos puede consultarse en una entrada de este mismo blog titulada "Coca-Cola para los oídos".)
-¿Por qué?
-Un buen ejemplo son las gotas óticas. No hay gotas óticas genéricas. Prescibir gotas óticas puede ser tan sencillo como poner en un papel "Ciproxina", "Synalar ótico", "Menaderm otológico", "Ciflot", "Otix" y otras muchas. Es rápido y no causa confusión.
-¿Y por principio activo?
-La prescripción se hace mucho más compleja. Mira cómo cambia la cosa:

Ciproxina: Gotas óticas en suspensión de ciprofloxacino e hidrocortisona 2 mg/ml + 10 mg/ml.
Synalar ótico: Gotas óticas en solución de acetónido de fluocinolona, sulfato de neomicina y sulfato de polimixina B 0,25 mg / 3,5mg / 10000UI.
Menaderm otológico: Gotas óticas en solución de beclometasona y clioquinol 0,25 mg / 0,01g.
Ciflot: Gotas óticas de ciprofloxacino en solución a 1,2mg / dosis en monodosis de 0,4 ml.
Otix: Gotas óticas en solución de fosfato sódico de dexametasona, sulfato de polimixina B y trimetoprima 1 mg / 10000UI / 1 mg.

-¿Y esta prescripción más compleja tiene alguna ventaja económica?
-No, porque estos productos no existen en versión genérica. La prescripción por principio activo no parece tener ventajas en este caso.
-Discrepo. Al recetar por principio activo, utilizas un lenguaje científico y no un lenguaje comercial.
-Sí, eso es cierto, no lo voy a discutir.
-¿Y qué vas a hacer?
-No se trata de lo que vaya a hacer; no puedo elegir. La prescripción por principio activo es obligatoria y debo utilizar la forma compleja de prescribir las gotas. Ha sido una buena idea y es una buena medida. Pero no te niego que yo, que siempre me he esforzado en recetar la mejor alternativa para el paciente teniendo en cuenta los costes de la medicación, me siento como cuando en el colegio nos castigaban a toda la clase sin recreo porque un par de alumnos anónimos se habían comportado mal.

Nota: El listado anterior de gotas óticas no es ni pretende ser exhaustivo. La información proporcionada es pública y puede consultarse en Vademecum.es. El autor niega tener cualquier tipo de conflicto de intereses.

28 de julio de 2011

Veintiocho


Esta foto cumple hoy diez años.

Nunca planifiqué qué haría el día que cumplí los dieciocho y, sin embargo, nunca podré olvidar aquel día: aquella despedida del campamento de política europea de Heppenheim, comiendo tarta de chocolate mientras me cantaban el "Glückliches Geburtstag", abrazando a tanta gente de la que no quería pensar que probablemente no volviera a ver, esforzándome por contener las lágrimas porque, como todo el mundo sabe, los hombres no lloran. Y, a partir de aquel día, yo ya era un hombre.

Tampoco olvidaré las muchas horas de tren y coche que siguieron a aquella fiesta, leyendo un ejemplar añoso de Tom Sawyer, hasta llegar a Walchensee, en Austria, donde se me esperaba para celebrar una fiesta de cumpleaños con cerveza rubia, salchichas, tartas de todos los sabores, una orquesta bávara que no paraba de tocar con sus trompetas "Bye, bye, Fräulein" y para terminar nadando en un lago, a oscuras, bajo la luna llena, y para colmo, enamorado.

Seguramente, si lo hubiera planificado, no habría sido tan perfecto.

Si la foto cumple hoy diez años, quiere decir que yo hoy cumplo veintiocho. Veintiocho. Mi número favorito. No es que tenga nada especial; ni siquiera la descomposición en factores primos (siete por dos al cuadrado) parece especial. Pero siempre pensé que cumplir veintiocho años un día veintiocho tendría algo de especial.

No he hecho planes para hoy. Antes de ayer, quedé con Paco y Caro, con Joaquín y Pilar. A altas horas de la noche, Carlos me hablaba de Milan Kundera y Slavoj Zizek con la misma naturalidad que un niño le cuenta a otro cualquier detalle sin importancia. Ayer cené con Rafi y Elena, con Javi y los Joses. Antes de ayer y ayer, en diversos momentos de las veladas, me dolieron las mejillas de llevar mucho tiempo sonriendo.

Fue mientras cruzaba Reyes Católicos, a la altura de Zaragoza, al dar las doce de la noche, cuando se pusieron a cantar en voz alta el cumpleaños feliz y cuando el móvil y las redes sociales se comenzaban a volver locos de contener mensajes de felicitaciones. Con el dolor de las mejillas, me di cuenta de que no hacen falta planes complejos para sentirse dichoso cuando sabes que en los últimos diez años te has seguido rodeando de gente que te quiere.

25 de julio de 2011

¿Por qué no evolucionas?


Capítulo 2x06

El primer cambio ocurrió hace cinco años. No fue algo meditado ni planificado; sino que ocurrió súbitamente, sin avisar, como si no se hubiera podido contener más tiempo. Numberfive, mi precioso Oddish, evolucionó, convirtiéndose en una planta regordeta, fea y maloliente. Difícil de manejar. Difícil de controlar. Difícil de entrenar. Que no me dejaba otra opción que convivir juntos, adaptándonos el uno al otro.

Después de meses en los que me obligaba a sonreírle a un ser cuya cara se me antojaba repugnante, me acabaron resultando encantadoras su timidez fingida, su simulada fragilidad en las batallas, sus ataques disfrazados de banales y sus otros muchos tintes que en cualquier texto de Psiquiatría vendrían en el capítulo de personalidad pasivo-agresiva.

Sin embargo, siempre guardé una esperanza en el fondo de mi corazón: el saber que aquel estado era temporal y que tarde o temprano, Numberfive acabaría evolucionando a un Pokémon más noble. Es en días como hoy en los que le miro después de cinco años y me pregunto interiormente: ¿por qué no evolucionas?

Foto: Con Numberfive, en el Sendero de las Bicis.

22 de julio de 2011

Hablando con @aylenymj sobre el MIR extranjero


El aumento de extranjeros que ocupan plazas MIR en los últimos años no está exento de polémica: el tradicional cupo de extranjeros fue rebasado durante los últimos años debido a la posibilidad de que los extranjeros con permiso de estudios accedieran a las plazas MIR fuera de este cupo.

Esta situación ha supuesto cambios. Por un lado, enriquece culturalmente al sistema sanitario, pero por otro dificulta el acceso a las plazas de especialización a los médicos nacionales.

Ayleny Manzueta (@aylenymj) es la protagonista de este tercer episodio del Podcast, derribando mitos y creencias, hablando de tolerancia y xenofobia.

video

17 de julio de 2011

Diez mentiras otorrinolaringológicas (2)


Viene de la primera parte.

Lo malo de las mentiras es que siempre hay inocentes que salen culpables y en nuestro caso son las vértebras cervicales. Tan bien diseñadas ellas, no tienen la culpa de que la idea de que existe el vértigo cervical se halle enquistada en el conocimiento de tantos médicos. Y es que la existencia del familiar "vértigo de las cervicales" es muy dudosa y, si éste llega a existir, debe ser mucho menos frecuente de lo que lo solemos diagnosticar. Pero entonces, ¿por qué tantas personas a partir de la mitad de la vida se marean al girar el cuello? -nos preguntamos mientras que los hados se ríen de nuestro desconocimiento.

Claro que la culpa del desconocimiento es mucho menor que la culpa cuando hay conocimiento porque, si sabemos que los bastoncillos de oídos no sirven para limpiarse los oídos, ¿por qué los llamamos bastoncillos de oídos y no simplemente bastoncillos sin más? ¿Para aumentar la confusión y para que miles de mortales los usen para impactarse su cerumen en lo más profundo de su conducto auditivo en una conducta adictiva más próxima al onanismo que a la higiene? Misterio...

Fijaos que incluso hay mentiras de siglos de antigüedad, que ya le valía a San Blas, el otorrino del siglo III, haber obrado otro milagro que haber sacado una espina de pescado de la garganta de un niño que se asfixiaba, dejándonos durante mil ochocientos años a miles de otorrinos la responsabilidad de sacar espinas a los comensales que tragaron el pescado sin haberlo masticado lo suficiente, cuando la mayor parte de éstas no se llegarán a encontrar jamás. En serio, las series más optimistas no llegan a un 30% de espinas encontradas, y a mí ese valor me parece incluso elevado; así que si su otorrino no le ha encontrado la espina que se siente en la garganta, no se sienta frustrado, siéntase mayoría.

Tampoco su otorrino es negligente si le ha dicho que su tímpano estaba perforado y le ha puesto un tratamiento con gotas para los oídos. Y sí, ya sabemos que en el prospecto de las gotas dice que no se las eche si su tímpano está perforado, Que no, que no queremos que su oído sufra, pero es que muchas veces no hay más remedio que usar gotas para tratar algunas infecciones. Aunque la gota lleve gentamicina, ese antibiótico que nadie tiene muy claro para qué sirve pero del que todo el mundo conoce que produce sordera. Los manuales insisten en que la técnica es segura, porque la gota supuestamente perjudicial no se meterá perforación hacia dentro. Eso dicen los manuales y yo, en mi corta experiencia, les creo.

Y para terminar con esta serie de mentiras otorrinolaringológicas, hablaremos de Edvard Munch, el pintor noruego, o más concretamente de su obra, "El grito". Bien, ninguna referencia dice que el extraño protagonista se tape los oídos porque padezca de acúfenos, los temibles pitidos de oídos. Se ha hablado mucho de qué significa el cuadro, diciendo la mayoría de las teorías que es un símbolo de la desesperación. Y es una gran verdad que los acúfenos pueden llegar a desesperar a quien los padece, pero las fuentes que aseguran que el pintor padecía de esta dolencia son bastante discutibles.

Foto: "El grito" de Edvard Munch.

13 de julio de 2011

El examen práctico de conducir


El examen me había salido perfecto. Claro que todos dicen lo mismo de sus suspensos en el examen práctico de conducir, pero en esta ocasión, siendo objetivo, mi ejercicio había sido impecable.

-Tendrá que hacerlo otra vez -dijo la examinadora, sin mirarme a los ojos, mientras me extendía el resguardo suspenso.
-Pero, ¿por qué? ¿Qué he hecho mal? -respondí.
-Inseguridad en general.
-¿He conducido de forma insegura?
-No tengo que darle explicaciones, pero no es esa inseguridad. Usted desprende inseguridad en general. Tiene que ir más rápido y resolver sus conflictos de circulación de forma más favorable para usted.

Iba a responderle que dónde venía eso en el código, pero la experiencia de muchos años de aquella mujer me dejó con la palabra en la boca, plantado en el sitio y lleno de rabia, mientras ella se marchaba. Entonces me ocurrió por primera vez.

Lo noté en mi pelo, que por su propia cuenta abandonó su posición habitual: dejó de estar sumisamente peinado hacia la derecha y atrás para caer hacia ambos lados con una raya en medio, como lo llevaban los abusones de los colegios en los años noventa. Y sin quererlo, me quité las gafas.

Es difícil saber por qué uno es capaz de reconocer ciertos procesos que afectan a su cuerpo por primera vez, pero a todo el mundo le ha ocurrido en alguna ocasión. Como cuando los niños asocian los cambios en su cuerpo con el inicio normal de su propia adolescencia o como cuando la necesidad de leer ese libro desde más lejos avisan al cincuentón de una presbicia incipiente.

Yo supe que toda la rabia que sentía en aquel momento había provocado que Él saliera en ese momento por primera vez, encerrando a mi personalidad habitual en cualquier cirvunvolución escondida de alguno de mis lóbulos cerebrales.

-Conque tengo que ir más rápido y resolver mis conflictos de forma más favorable, ¿no? ¿Pues sabes lo que te digo? -dijo Él usando mis propias cuerdas vocales y contra mi voluntad.
-No lo digas, no lo digas -intenté reprimirlo.
-Espero que no tengas familia, ni que tú tampoco nunca te pongas enferma y te tengas que operar. Porque intentaré operarte más rápido y resolver los conflictos que aparezcan durante la cirugía de la forma más favorable para mí.
-Por favor, ¿por qué has dicho eso? Es antideontológico, aparte de seguramente ilegal.
-¿Te has enterado bien,...
-¡Cállate, no digas esa palabra, por favor!
-...ZORRA? ¡Mi examen era para aprobarlo! ¡Créeme que yo sé más de exámenes que tú! ¡Aprobé exámenes en alemán!, ¿te enteras? ¡¡Aprobé una dura Farmacología después de meses de memorización de nombres imposibles!! ¡¡¡Aprobé temarios de manuales de más de dos mil páginas, moléstate en enterarte de mis notas de Fisiología y Pediatría!!!

Aunque el hecho de haber aprobado la Pediatría implica que ya estoy en quinto de carrera. Y para entonces, ¿yo no había conseguido ya el carnet de conducir?

El calor es tan sofocante a las cuatro de la mañana que me despierto con sed. Bebo agua de la botella del frigorífico y vuelvo a la cama. No me preocupa mucho soñar con un síndrome disociativo de doble personalidad que evidentemente no tengo, pero antes de meterme en la cama me aseguro de que no se me ha pasado la fecha de renovar el dichoso carnet de conducir. Se ve que sigo sin superar del todo el haber aprobado a la tercera.

Foto: Que alguien me lo recuerde antes del 2014.

10 de julio de 2011

Diez mentiras otorrinolaringológicas (1)


"Así se escribe la Historia" y muchas veces también "Así se escribe la Ciencia", basada en creencias, mitos, supersticiones, tradición y leyendas.

La Otorrinolaringología, como ciencia que es, no está exenta de estas creencias populares poco fundamentadas y no es raro ver a alguien a quien le sangra la nariz que echa la cabeza hacia atrás, creyendo que con esta actitud cortará antes la hemorragia. Equivocado está, porque por tragarse la sangre, ésta no volverá a las venas, sino que se acumulará en el estómago, irritándolo. Es siempre mejor inclinar la cabeza hacia delante, así siempre tendremos la certeza de saber cuándo la hemorragia se ha cortado.

Igual de extendida está la creencia de que durante una laringitis (esos catarros que dejan ronco) es mejor hablar susurrando. Hoy en día, hay consenso de que el reposo vocal, es decir, no hablar nada, es la mejor actitud ante una laringitis. Por otro lado, también se sabe que la mayoría de las personas fuerzan más la laringe cuando susurran que cuando hablan de forma normal. Según esto, susurrar no sólo no mejora la enfermedad, sino que retrasa la curación y siempre es mejor, cuando no quedo remedio que hablar para comunicar algo, intentar hacerlo con voz normal que susurrando.

Por muy crueles nos toman a los otorrinos cuando proscribimos y no prescribimos los vasoconstrictores nasales, esos inhaladores que se venden sin receta y que en segundos proporcionan la felicidad de una nariz increíblemente despejada. Pocos saben que dichos inhaladores son rápidamente adictivos, que causan tolerancia y dependencia y que su abuso desemboca en la terrible rinitis medicamentosa, en la que uno acaba viendo una nariz permeable sobre la que el afectado refiere dificultad para el paso de aire y uno no puede explicar racionalmente por qué el enfermo está sintiendo esa dificultad. Es como en los cuentos infantiles en los que se vende el alma al Diablo para la eternidad a cambio de una vida feliz; aquí uno vende su respiración nasal al vasoconstrictor a cambio de poder respirar durante un resfriado.

A diferencia de las rinitis medicamentosas, las amigdalitis agudas son más fáciles de curar, y en dos semanas si te he visto no me acuerdo: las amígdalas se han convertido en bolitas rosas que miran al otorrino con cara de inocencia, desde su lugar en la faringe, insinuándose hacia la boca. Tan tiernas parecen que resulta difícil decir que hace escasos días estaban terriblemente inflamadas, haciendo de la comida y la bebida una dolorosa tortura. Pueden llegar a inflamarse muchísimo, tanto que es posible que ambas lleguen a estar en contacto. Sin embargo, esta situación no cambia el tratamiento. Mientras no haya un absceso, las amígdalas que se tocan no necesitan una actuación diferente; una no es de materia y la otra de antimateria y si se rozan, el Universo no colapsará.

Igual de alarmante que unas amígdalas que se rozan resulta para algunos padres que el tímpano de su hijo se rompa como consecuencia de una otitis media, expulsando pus por el oído cuando este hecho más bien debería tranquilizarles. Como ya decían en la época de los romanos "Ubi pus, ibi evacua"; es decir, si hay pus, sácala. Menos daño hace la pus fuera que dentro. La rotura del tímpano forma parte de la historia natural de la otitis media; el tímpano se acabará cerrando en la mayoría de las ocasiones y el proceso acabará curando.

Continuará...

Foto: Reloj del fuerte de Novi Sad, Serbia, caracterizado por dar una hora falsa y haber confundido a más de uno. En concreto, la foto se tomó a las nueve de la noche.

7 de julio de 2011

Buscando un sitio para vomitar


Clara tiene razón cuando dice que la cafetería no es el mejor sitio para vomitar. Para vomitar todo lo que a uno le hacen tragar diariamente contra su voluntad, se entiende. Y es que, de un día para otro, el café de la mañana puede pasar a ser de una reunión inocente de compañeros de trabajo a un foro en el que se sacan a relucir los aspectos más siniestros del sistema sanitario.

Yo también pienso, al igual que Clara, que la crítica a la hora del café sólo sirve para volver a la consulta de mal humor y, por tanto, intento evitarla como la peste. El hospital no se arregla en la cafetería. Me resulta mucho más productivo el famoso "Café de ideas" que Rosa, la enfermera 2.0, propone realizar en los descansos del personal para convertir de forma amena y sencilla las debilidades de un servicio en oportunidades, usando términos de análisis DAFO.

Pero bueno, eso es otra historia. A mí hoy me preocupa otra cuestión más soez de puro fisiológica: si la cafetería no es el sitio, ¿dónde puedo vomitar?

Hace unos días leí la famosa carta de Enrique Gavilán en la cual hace públicos los motivos por los cuales se ha negado a firmar su contrato de gestión: directa, concisa, educada, clarividente, sin bilis. Se puede leer aquí. Quizás ése sea el secreto: no se trata de vomitar. El vómito lleva ácido clorhídrico y sólo sirve para corroer. Se trata de transformar la crítica propia en palabras constructivas. Sí, seguramente deba hacerse así.

Foto: Reunión de médicos, siempre caracterizada por zuecos de colores imposibles, por cortesía de Clara Benedicto.

4 de julio de 2011

Ligando


-Esa vena es demasiado grande; no la ignores, no la quemes; lígala -me dice el adjunto correspondiente.

-Tijera de Kilner y pinza sin dientes -pido sistemáticamente al instrumentalista.
(...)
-Mosquito.
(...)
-Otro mosquito.
(...)
-Tijeras.
(...)
-Ligadura.
(...)
-Suelta el mosquito.
(...)
-Tijera de hilos.
(...)
-Ahora el otro cabo. Ligadura.
(...)
-Suelta el mosquito.
(...)
-Tijera de hilos.

-Vale, sigamos adelante.

El proceso de ligar es siempre el mismo y no se modifica. Me produce cierto miedo que se suelte uno de los cabos de la vena ligada y se desencadene una hemorragia. No por la hemorragia, que suele ser fácil de contener, sino por la sangre, que deja inevitablemente el campo quirúrgico teñido de rojo.

Foto: Mosquito, también llamado pinza hemostática de Halsted.

2 de julio de 2011

Diez días de iPad


Yo me defendía diciendo que, como no tengo ordenador portátil, el iPad haría las funciones de éste, como por ejemplo en mis viajes. Pero el argumento se me antojaba pobre incluso a mí y no podía ver más que un capricho de niño pijo el comprarme la famosa tableta.

Tras casi un año de deseo, me animé. O mejor dicho me animaron, que tuve que pedirle a Javi que me acompañara a El Corte Inglés y casi que me obligara a encargarle un iPad al dependiente de la sección de informática.

Dos semanas después, mi iPad llegó. Perfecto: sin ralladuras, motas, manchas amarillas ni fugas de luz; esos problemas que habían enturbiado la fama del dispositivo los primeros días que salió a la venta.

Hoy cumplimos diez días de intensa convivencia, y he comprobado cómo el iPad me ayuda en mi vida de todos los días.

1. Me sirve de libreta de notas mientras recojo en la biblioteca referencias para mi tesis doctoral (también serviría un pedazo de papel, pero esto tiene más glamour).
2. Reúne a la familia en torno a la mesa para jugar a juegos de cartas (que también servirían las cartas normales, por otro lado).
3. Mejora la experiencia de Twitter todavía más (si cabe).
4. En cualquier lugar puedo enterarme de lo que estás publicando en Facebook (sí, va por ti).
5. He organizado una pequeña sesión de música Techno para unos amigos (nada de lo que deba preocuparse ahora mismo Teddy Bautista).
6. Gracias a Flipboard he conseguido poner a cero mi Google Reader (oh, sí, oh, sí, oh, sí, si los orgasmos RSS existieran yo por fin lo habría alcanzado).
7. He conseguido decir "un momento, voy a consultar mi agenda del iPad a ver si puedo quedar contigo" (sin parecer gilipollas).
8. He consultado por dónde iba el autobús geolocalizándome en lugar de mirando por la ventanilla (esto sí que es de gili).
9. Me he dado cuenta de que el iPhone es un módem estupendo (sobre todo comparando con la velocidad del resto de módems en España).
10. He leído más cómics que en muchos años y sin gastar papel (aunque habría que estudiar si contamina más el imprimir papel o la electricidad de cargar el aparato).

Sin embargo... ...no es un dispositivo indispensable. Es muy divertido, eso sí, pero yo antes hacía mi vida feliz sin el trasto este. Os comentaré mis próximas experiencias y, de vosotros que ya lo tenéis, escucharé gustoso los usos que le dais.

Foto: Pantalla principal de mi iPad.